viernes, 26 de diciembre de 2008

En camino de las nueve invocaciones: la primera y la décima...


1

Las manos estan siendo puentes

desvanecidas sobre el monte erizado

evocan un levísimo toque


la columna construida a medias

no fue tocada entonces

por las alas que buscaban la forma perfecta

entonces la intensidad irrumpió

con un candor sofocado

en la oscura trepidación de sus almas enrojecidas


¿tenían que esperar 19 años para comenzar a ser ellas mismas?


El deseo en diecinueve crepúsculos fue aquella presencia ausente

el agujero nunca sentido sino apenas pensado

el no centro del origen que los espíritus sueñan


es que el ser es un "om" impronunciable

que sólo sujetamos a través de nuestras

humanas razones


porque somos la ausencia pura de significación

pero sólo podemos soportarnos al brindar esencias


- lo inconmensurable-

fallidas ficciones de una desaparición absurda

entonces:

¿qué es lo que se borra si nunca ha existido un trazo?


9

Los fragmentos de tus manos sobre la noche

son piel y pensamiento escritos por medio del gémido

que en la ausencia del origen formó nuestras palabras

una encima de la otra,

cohabitando el verbo que une

la infinita fragilidad del ser


(su perfecta incoherencia llena de sentido)

pues sólo podemos encontrarnos en medio del habla

como si cada sonido fuese una rama

y entre las miles que han vestido los árboles

tuvieramos que alcanzar la más verde

pues sólo así logramos definir y nombrar cada bosque


aunque sólo sea a partir de esa extensión del tronco

que deja caer hojas y segmentos de líneas

bifurcación de posibilidades en fractales que como cerezas

nos inundan los abismos de sangre dulce

vibrante juego del ser

que tan sólo es un instante:

la suma de sus inmemorables tiempos

la edición de los segmentos que nos han formado

la cinta multicolor del signo con que franqueamos el bosque del claroscuro mortal...


19=10

El peligro es inminente:

olemos a magma rojo que se tornará piedra

y ahí la inscripción de la vida nos irá mostrando

el camino de las huellas que pensamos proyecciones

de algo ausente

-más sabemos nunca hubo algo ahí-

sino solo nosotros y el suplemento del abandono

pues recordamos la nada como si ahí esperasemos tambiénla muerte

de la interminable representación que hacemos de cada leve sensación humana...


Los laureles espinosos de la razón nos han creado el enigma

y ante ellos comparecen los siglos que predican la génesis del ser

como si así pudieran volver a sustituir el origen del asombro

que nos formula como sombras de certezas insufribles

nos merecemos el mundo y sus laberinticas ocultaciones.


Poesía es el lenguaje que robamos de sueños insomnes

la imposible sintaxis de la manifestación totalizante

pues en su gramática no buscamos una consecuencia

sino una creación absoluta de nuevas formas para nombrar

y dar tregua al deseo de poseer cualquier cosa que podamos creer existente

en la bruma de nuestro intelecto...


¿qué hacemos pues con los paréntesis, con lo inefable y sus expresiones?

continuar creyendo que podemos dominar el mundo

impostando en el nuestras causas primeras.


El enigma aparece en el umbral,

sus alas producen el murmullo de la tarde

y la ensoñación lúcida se vuelve

el mantra que ocultamos debajo

de cualquier historia

sobre un destino inusitado...


martes, 8 de enero de 2008

DILEMA DE HAMLET EN EL SIGLO XXI

It’s just a slow day, moving into a slow night… everything just taste the same.

Así nos sentimos cada noche cuando los cuerpos por mera inercia deben ir a la cama… vacía. Más no es sólo la noche fría e insomne, sino el día que le precede, el que sigue y así el paso del tiempo que jode con su tic-tac. Protegerse de lo que uno más desea porque bien sabemos que su cumplimiento conlleva una especie de muerte: la del mismo deseo.

Escribir sobre algo importante, cualquier cosa… querer lograr una nueva teoría, un nuevo orden de cosas que permita evolucionar la conciencia, ser mediocre es permitir el día a día sin siquiera cambiar de posición… la definición no acierta, incluso los escritores de hoy si toman sus whiskies y se sinceran un poco saben que cualquier intento de redención ideológica los conducirá hacia la misma estupidez: el silencio de una urbe, de un mundo al que le vale un carajo su destino.

Quizá podría por fin contar una historia si dejara de tener un juicio sobre ella. Pero antes de comenzarla me pregunto a quién o para qué escribir algo que no alcanza a plasmar lo mounstroso de un escenario: la edad contemporánea, el absurdo capitalismo que hace creernos todo esta bien por tener artefactos para perder el tiempo, eso hacemos: perdernos en cosas que nos impiden pensar, nada es mejor que evadirse, el síntoma de este universo es la evasión de todo cuanto haga sentir el caos, incluso las drogas mismas han pasado a sugerir un estado de beatitud estúpida, la droga adormece todo cuanto pasa alrededor, si de por sí no importaba con cualquier droga hipermoderna será aún más fácil dejar de percibir como el tiempo se burla de nosotros: la propia invención del hombre que sugiere nuestra reinante idiotez desde el principio de aquello que nombramos historia humana.

La preocupación elemental del hombre se resume a: todas las cosas que no han pasado, que no has hecho, el terrible ¿Y si… me suicido? No por lo que no he hecho sino porque tengo la sensación de que nunca haré lo que en realidad quiero hacer.
Me paso noches enteras en vela, me enfermo pensando en lo peor, en qué haré si lo peor pasa para luego recordar que la opción primera siempre estará vigente: en el peor de los casos olvido la responsabilidad para con los demás y me suicido. Muchos lo llamarían cobardía, muchos incluso odian a quien se suicida pero en el fondo creo hay una envidia. Es simple decir que quien opta por el suicidio es alguien que se ha dejado vencer, que no ha tenido el valor de permanecer en la vida y luchar, así la frase común para quienes repudian el acto de quitarse la propia vida es: “Se rindió al fracaso".

Primero habría que recordar que nadie pidió vivir, al menos no conscientemente o nadie vive para recordarlo. Todo adolescente frustrado con sus barritos y desmadre hormonal le ha dicho a su padre –por lo menos lo ha pensado- ¡Yo no te pedí que me trajeras al mundo…” Pero lo que el adolescente desde su perspectiva no sabe es que a veces los padres tampoco pidieron tener ese hijo, a veces tal noticia parece una bomba: “soy un indeseado, un error, una equivocación de la naturaleza, la consecuencia de una calentura”. Lo que habría que responder es que ni la madre ni el hijo tienen la certeza: la realidad es que pocos hijos son los verdaderamente deseados, parece que la vida actúa por capricho, el alguien que eres hoy no pidió nacer y uno no puede escoger cómo serán los hijos en un futuro por mucho que te mates intentando “educarlos de la mejor manera”.. (Díselo a mi madre).

Así que si tu no pediste nacer y yo no pedí traer al mundo a un suicida en potencia: ¿Cómo demonios juzgar de que se trata este experimento que somos para la vida? Por otra parte en el fondo, más allá de la religión, desde el punto de vista más humano: cada quien tiene derecho a decir hasta cuando estar aquí. Pero son millones los que aún están en contra de esto, son millones los que no soportan la idea de quitarle la vida a alguien que por una enfermedad crónica lo pide a cada segundo, pues su único deseo es partir. Si pensamos que en otras religiones el premio último, la cereza del pastel es morir en nombre de su Dios… ¿por qué no va a ser bueno el matarte en nombre de tu propia voluntad? Si el religioso fanático hace explotar un tren con una bomba pegada a su pecho para alabar a su Dios, ¿por qué sigue siendo tan repudiado o malentendido el suicidio?...
(Con todo y el repudio el suicidio es la segunda causa de muerte en los jóvenes, por eso entiendase la edad de hasta 35 años).

La responsabilidad con otra persona, con una creencia o con la idea de cómo hablaran de nosotros después de muertos es por lo común lo que salva o protege de la seductora idea que es acabar con la vida, sobre todo cuando la vida que te ha tocado no te esta gustando. A veces saber que tu has elegido no tiene ninguna importancia, saber que eliges como morir puede ser esperanza para algunos aunque para otros sea lo que aun llaman “pecado”.
Matarse o no.
He ahí el nuevo dilema de un Hamlet en el siglo XXI.
P.D.
Ofelia -en su siglo- ya sabía la respuesta.

domingo, 7 de octubre de 2007

El interior de un hombre se asemeja mucho al de la ostra: desagradable, blanducho y difícil de agarrar… Difícil es descubrir el hombre: más difícil todavía para sí mismo; con frecuencia miente el espíritu a propósito del alma. He ahí la obra del espíritu de la pesadez. Más el que dice: éste es mi bien y mi mal, éste se ha descubierto a sí mismo; con estas palabras ha hecho callar al topo y al enano que dicen: -Bien para todos, mal para todos-. Pp. 199
Así hablaba Zaratustra, Nietzsche.
La revelación número 23: Quieres ver una suma de números donde solo hay letras: 23 letras del alfabeto Hebreo... ¿cuantas de la Kábala?... ¿Quieres ver redención en el sacrificio?... ¿Quieres creer en la figura mítica de un hombre que muere por amor al prójimo?... ¿Quieres morir pensando que Dios desea hagas su voluntad?
Es facíl creer en Dios, en las revelaciones, en las cosas que dan sentido mágico a la vida. No hay que olvidar que como todo lo existente, Dios nació de nuestra necesidad de magia, pero luego el Dios vuelto institución habría de negar la magia en pos de una dominación más universalista, al igual que todo mito vuelto creencia, las palabras del bien y del mal nos han de parir por varios siglos más, hasta que los seres hayan evolucionado o vuelto un poco más al inicio: no es bueno ni malo, sino natural, que grandes oleadas de energía olística produzca la destrucción de la tierra. No hay bondad ni maldad en que una perra se coma sus cachorros cuando la naturaleza le hace saber que no podrán sobrevivir por su propio desempeño.
Si las madres del mundo fueran como estas perras no tendríamos problemas de sobrepoblación.
Realmente si actuaramos más allá del peso que nos brinda la idea del bien y del mal, la teología de las entidades que lograron todo un paradigma de asociaciones binarias (duales), nos dariamos cuenta de que interiormente no tenemos nada que temer, no tenemos nada parecido a una conciencia primigenia que nos dicte lo que este bien y mal. El hombre que ha asesinado lo sabe, puede vivir con ello. Alguien que ha estado a punto de matar también lo sabe, pues hay una delicia última en el poder arrebatar con tus manos la vida de otro ser, pues en ese momento en que tu voluntad se ha puesto por encima de la otra, te pertenece. Lo mismo sucede con el lobo que mata para comer, sólo que en este caso nosotros creemos que al no ser una necesidad primaria lo que nos hace matar, entonces es terrible, es pasar por el derecho divino y supremo del otro, su vida, pero si se viera como mero acto, sin cuestiones morales de por medio, actuar sobre la vida de otro es demostrar que tu propia vida se afirma un poco más, es quizá más necesaria, más potente, que aquella a la cual puede darle fin. Pensar así sería como remontarnos un poco a Hitler, pero para entrar en esos terrenos de lo macabro y de la inteligencia superior habrá que esperar...
El fin justifica los medios. Esa es la única realidad a la cual debería avenirse el hombre en estos tiempos, dado que de cualquier modo siempre ha sido así. Más allá del bien y del mal hay una verdad cierta: el padre odia al hijo en lo más intrínseco de su ser, aunque a la vez le ame como sólo puede amar a su propia especie, a su oportunidad de inmortalidad, pero he ahí la semilla del consecuente odio fingido. Una madre sólo puede envidiar y perecer ante el deseo de la hija, la muralla se levanta por no separarnos tal como cualquier otro mamifero, en cuanto más o menos podamos valernos solos. La noción de familia ha vuelto a la sociedad decadente, el que hoy en día no exista como tal, porque es natural que sea así, ha creado un caos emotivo porque el adolescente cree en lo que la sociedad tradicional dice: el padre, la madre, debería estar presente, cuando bien podría aprovechar positivamente la indepencia, sólo la usa para llamar la atención y quejarse de ese abandono que ve en modo negativo y del cual se sirve para justificar su falta de sentido a la vida.
La razón estaba en Nietzsche y aunque se equivocara como todos, siempre vuelvo a reconocer que sólo él saber poner el dedo en la llaga de toda la cultura milenaria en que se ha basado la humanidad...






viernes, 5 de octubre de 2007

TU Y LAS DESAPARICIONES DEL MUNDO...



No te conozco, si acaso unas cuantas imágenes y todas las palabras que desde hace años alimentan la virtual pasión por la posibilidad que representas.

La vida es enajenante cuando danzas en un mar de obnubilados pensamientos y así te dibujo en la oscuridad de un suicidio aplazado, siento tu angustia colapsada en el tormento de intentar hacer lo que todos, un trabajo, una familia, una casa, ese tiempo en que pareces otro y no el que aparece cuando escribes.

Uno debe cortar y partir de cero, cortar con bisturí la piel que se ha vuelto dura, cortar y raspar hasta el hueso las obsesiones, aunque las cicatrices siempre habrán de recordarlas. Hace años la vida era otra cosa, la negación pura, destrucción de todo lo que hubiera magnificado la intensidad del dolor. La vida era una puta en venta, una mujer ociosa que va de piel en piel buscando olvido. Luego la redención, la estúpida redención que todo mal pecador busca al final de su calvario.

Mil años parecen desde la última vez que un suspiro tuvo trascendencia. El hastío ahora es un olor cotidiano, un estar harto que sin embargo ayuda a prevalecer en la vida austera y obligada que se elige por querer preservar la especie y querer hacer las cosas bien. Veo a mi alrededor y ciertamente el mundo sigue siendo un botadero de miserias que día con día crece en hedor, en población de moscas girando en torno a miembros descompuestos.

Cada miembro representa las ilusiones vagas perdidas en la infancia, el conocimiento real de lo que hoy se ha vuelto una tradición: el siglo XXI es el de la desaparición, el de la muerte por aniquilamiento esencial. Nada entra y todo se expulsa, empezando por la comida. Observo con extremo cuidado a las chicas, pequeñas o no, todas las mujeres buscan desaparecer, a veces también los hombres. Controlan lo que entra al grado de purgarse incluso las moléculas si eso ya les fuera posible. Mientras más ligera sea la figura más fácil será vagar por este mundo donde incluso lo sagrado se ha vuelto anuncio espectacular. Miras de arriba hacia abajo, miras el encuadre de la cámara o la pantalla, miras la imagen ajena de alguien que crees ser tu pero la percepción se disfraza a través de todos los artilugios posibles.

La desaparición del cuerpo, de la grasa, de esas curvas que nos hacían más prominentes y a la vez voluptuosas es seguida por la lenta muerte de una creencia: no vales si no has logrado ponerte en el aparador, no vales si no es en un escaparate donde esperas que vengan a ofrecer la suma más cuantiosa, no vales si no te pareces a la figurilla de moda, no vales sino es por asociación, porque necesitas toda la serie de objetos y relaciones que te pondrán en el lugar adecuado, a la hora exacta, sobre la gran estrella por la cual has luchado tanto.

Comienzo pensando en ti y termino observando el mundo. Tus ojos son los prismáticos que me han llevado al holocausto de la reflexión. Te pienso como el ser con el cual podría tener conversaciones eternas. Sin embargo he dicho que no te conozco y muy apenas sé que existes, a través de esta segunda vida que tenemos gracias a un cable, gracias a una luz eléctrica que invade nuestras pantallas. Ausentarme de ti es pensar qué estarás haciendo en tu mente, que será lo que te aleja, lo que nos obnubila. Tengo miedo de conocerte, así como el miedo es parte natural del instinto de conservación.

lunes, 27 de agosto de 2007

SUJETOS EN DESAPARICIÓN...




El sujeto (o, hablando de un modo más popular, el alma) ha sido hasta ahora en la tierra el mejor dogma tal vez porque a toda la ingente muchedumbre de los mortales, a los débiles y oprimidos de toda índole, les permitía aquel sublime autoengaño de interpretar la debilidad misma como libertad, interpretar su ser-así-y-así como mérito.
La genealogía de la Moral.
NIETZCHE.
***
Lo más absurdo es que el día que dejemos de ser sujetos dejaremos de ser hombres en el sentido que hasta hoy lo hemos pensado, ¿algo así decía Nietzsche al referirse al más alla de ese no super hombre sino ultra hombre que podría elevarse ya como creación terminada y no como ser incompleto que debe sujetarse a la imagen que busca de sí mismo pero que no puede dejar de ser formulada desde el afuera?
Los intelectuales, esos que osan llamarse aún hoy en día filosofos, o "pensadores" por no delimitar tanto el vocablo usado por cualquier alma reflexiva, ¿serán estos sujetos atados a una preconcepción del conocimiento los más méritorios de esa ingenuidad y debilidad sublime? A veces me lo parece. La única manera en que los hombres de hoy se han quitado el corsé del sujeto es dejandose sublimar o congelar por:
el arte o la ciencia.
Para los más débiles la desaparición del sujeto se realiza facilmente: la cultura del espectaculo y del entretenimiento, el show-bisness que ya Adorno y Horkheimer visualizaban como el único reducto del pensar para una sociedad enajenada en el vicio de la simulación y lo digitalizable.
Menu 1: Toque el botón izquierdo para que la ansiedad sobre su propia vida desaparezca.
Menu 2: De enter al botón derecho para que la novela vigente en el semanario le ponga enfrente el drama de otras vidas que nada o mucho tienen que ver con la suya.
Menu 3: Al seguir apretando al unísono los botones antes mencionados usted sentirá una extraña empatía por los personajes falsos que le presenta la pantalla, al grado de que si un día se encuentra a uno de ellos en la calle le dirá: ¡Maldita Catalina Creel!
Y si algo falta puede usted ponerse a protestar fuera de las cárceles donde caen las "estrellas billonarias en descenso", puede usted pasearse con carteles donde exprese su ánimo, amor, apoyo a esas pobres luminarias en desgracia debido a tonterias como que manejan ebrias en sus costosos autos ultimo modelo, con sus celulares blueberry último modelo cubierto además por cristalitos Swarosky.
Pero si usted hace eso se sentirá importante, llenará un vacío trémulo en su alma: dirá que ha hecho algo para una célebridad estúpida y sólo asi usted podra pasar de la desaparición del anonimato de una vida común y gregaria a la sensación de que ha compartido algo con alguien absurdamente superior.
¿Quién será más idiota entonces?
El intelectual que cree pensar ó la persona anonima que necesita un dejo de luz estelar para sentir que hace algo mas que robar oxigeno al planeta...
¿La desaparición de todo sujeto supondría la desaparición de la estupidez?
E.R.V.


GEBET AN DAS LEBEN - ORACIÓN A LA VIDA

Como el amigo ama al amigo yo te amo vida enigmática,

haya exultado en ti, o haya llorado,Dolor o dicha me hayas dado.
Te amo a ti y a tus penasy si debes destrozarme

Me desprenderé de tus brazos

Como del pecho del amigo se desprende el amigo
¡Con toda mi fuerza te abrazo!

Que tus llamas me prendan,

Que aún en las brasas de la lucha siga adentrándome en tu enigma.
¡Ser milenios! ¡Y pensar!

Cobíjame en tus brazos:Si ya no puedes regalarme dicha

Sea-aún te queda el dolor.
Lou Andreas-Salomé

lunes, 2 de julio de 2007

¿Cuántos se atreven a mirar el otro lado del espejo?






Hace tiempo, quizá ya muchos años que una voz ahora lejana leyó para mí la historia de Alicia, esa niña con vestido (¿azul?) que se pierde en el jardín de su casa por seguir a un conejo blanco con sombrero de copa y reloj. Todas esas experiencias surrealistas que Alicia vive en su entrada al otro mundo, a la edad de nueve años parecían cosas cotidianas, pues yo recuerdo que veía luciérnagas verdes entre los jazmines y que dentro de las gotas de rocío existían pequeñas letras danzantes que había que juntar para leer el mensaje de los seres que venían a jugar con los pétalos de mis rosas por las noches.


¿Cuando fue entonces que la luz se volvió oscuridad?

A los 14 años tenía la sensación de haber olvidado todo, absolutamente todo sobre mi infancia, sobre las muñecas y los juegos de Té. Sólo quedaban vestigios de ese mundo, cabezas de barbies que seguro habían sido degolladas por la ira de la impotencia que el "no" adulto provoca en los niños. También estaban sus cuerpos, esos perfectos y absurdos cuerpos de plástico, con senos de silicona inamovibles, con manos largas en donde los dedos estaban pegados y las palmas abiertas, esas manos habían sido mordidas, despedazadas. También estaba la pareja plástica de la barbie, sin cabeza, sin pene, sin posibilidad de existencia fuera de la mente que lo creó. Sus casas, su ropa, sus carros, el pony, el perro, los hijitos, el salón de modas, la barbie astronauta que no podía ser sacada de su caja de exhibición y el príncipe azul que salvaría a Barbarella. Y todo eso para recordar los juegos, las sensaciones que mi propio cuerpo experimentaba a través del plástico, las ideas que en mi parecían aborrecibles y en las muñecas aceptables, las palabras que no decía frente a mi madre pero que a veces ella escuchaba por equivocación y entonces el castigo era ir hacia la esquina para jugar con mis dedos, los que aún no habían quedado deformes.


La luz se volvió oscuridad cuando Alicia no pudo volver del otro lado del espejo y en éste sólo quedaba una imagen ajena a la que yo había previsto en mi mente infantil, una mente que olvidó a la niña en el lejano jardín de los naipes danzantes, de los gatos que pierden la cabeza y ríen mientras se aferran a sus colas, ahí entre fumarolas de sueños inalcanzables, permanecía la inocencia, esperando a que volvieran por ella. Entonces para llegar hasta esa luz olvidada entre las sombras tuve que recurrir a las fumarolas de opio, a los gusanos de la carne que horadan para saber como acceder a los otros lados que para crecer hay que negar. Esos otros lados estaban tan dentro, tan enterrados, que tuve que desangrarme las manos para volver, para volver y descubrir que Alicia estaba muerta y sólo quedaba de ella el reflejo, el que un espejo roto guardaba… el mío: la mujer con vestido azul y cintas rojas enroscadas entre las piernas...




E.R.V.