Así nos sentimos cada noche cuando los cuerpos por mera inercia deben ir a la cama… vacía. Más no es sólo la noche fría e insomne, sino el día que le precede, el que sigue y así el paso del tiempo que jode con su tic-tac. Protegerse de lo que uno más desea porque bien sabemos que su cumplimiento conlleva una especie de muerte: la del mismo deseo.
Escribir sobre algo importante, cualquier cosa… querer lograr una nueva teoría, un nuevo orden de cosas que permita evolucionar la conciencia, ser mediocre es permitir el día a día sin siquiera cambiar de posición… la definición no acierta, incluso los escritores de hoy si toman sus whiskies y se sinceran un poco saben que cualquier intento de redención ideológica los conducirá hacia la misma estupidez: el silencio de una urbe, de un mundo al que le vale un carajo su destino.
Quizá podría por fin contar una historia si dejara de tener un juicio sobre ella. Pero antes de comenzarla me pregunto a quién o para qué escribir algo que no alcanza a plasmar lo mounstroso de un escenario: la edad contemporánea, el absurdo capitalismo que hace creernos todo esta bien por tener artefactos para perder el tiempo, eso hacemos: perdernos en cosas que nos impiden pensar, nada es mejor que evadirse, el síntoma de este universo es la evasión de todo cuanto haga sentir el caos, incluso las drogas mismas han pasado a sugerir un estado de beatitud estúpida, la droga adormece todo cuanto pasa alrededor, si de por sí no importaba con cualquier droga hipermoderna será aún más fácil dejar de percibir como el tiempo se burla de nosotros: la propia invención del hombre que sugiere nuestra reinante idiotez desde el principio de aquello que nombramos historia humana.
La preocupación elemental del hombre se resume a: todas las cosas que no han pasado, que no has hecho, el terrible ¿Y si… me suicido? No por lo que no he hecho sino porque tengo la sensación de que nunca haré lo que en realidad quiero hacer.
Me paso noches enteras en vela, me enfermo pensando en lo peor, en qué haré si lo peor pasa para luego recordar que la opción primera siempre estará vigente: en el peor de los casos olvido la responsabilidad para con los demás y me suicido. Muchos lo llamarían cobardía, muchos incluso odian a quien se suicida pero en el fondo creo hay una envidia. Es simple decir que quien opta por el suicidio es alguien que se ha dejado vencer, que no ha tenido el valor de permanecer en la vida y luchar, así la frase común para quienes repudian el acto de quitarse la propia vida es: “Se rindió al fracaso".
Primero habría que recordar que nadie pidió vivir, al menos no conscientemente o nadie vive para recordarlo. Todo adolescente frustrado con sus barritos y desmadre hormonal le ha dicho a su padre –por lo menos lo ha pensado- ¡Yo no te pedí que me trajeras al mundo…” Pero lo que el adolescente desde su perspectiva no sabe es que a veces los padres tampoco pidieron tener ese hijo, a veces tal noticia parece una bomba: “soy un indeseado, un error, una equivocación de la naturaleza, la consecuencia de una calentura”. Lo que habría que responder es que ni la madre ni el hijo tienen la certeza: la realidad es que pocos hijos son los verdaderamente deseados, parece que la vida actúa por capricho, el alguien que eres hoy no pidió nacer y uno no puede escoger cómo serán los hijos en un futuro por mucho que te mates intentando “educarlos de la mejor manera”.. (Díselo a mi madre).
Así que si tu no pediste nacer y yo no pedí traer al mundo a un suicida en potencia: ¿Cómo demonios juzgar de que se trata este experimento que somos para la vida? Por otra parte en el fondo, más allá de la religión, desde el punto de vista más humano: cada quien tiene derecho a decir hasta cuando estar aquí. Pero son millones los que aún están en contra de esto, son millones los que no soportan la idea de quitarle la vida a alguien que por una enfermedad crónica lo pide a cada segundo, pues su único deseo es partir. Si pensamos que en otras religiones el premio último, la cereza del pastel es morir en nombre de su Dios… ¿por qué no va a ser bueno el matarte en nombre de tu propia voluntad? Si el religioso fanático hace explotar un tren con una bomba pegada a su pecho para alabar a su Dios, ¿por qué sigue siendo tan repudiado o malentendido el suicidio?...
(Con todo y el repudio el suicidio es la segunda causa de muerte en los jóvenes, por eso entiendase la edad de hasta 35 años).
La responsabilidad con otra persona, con una creencia o con la idea de cómo hablaran de nosotros después de muertos es por lo común lo que salva o protege de la seductora idea que es acabar con la vida, sobre todo cuando la vida que te ha tocado no te esta gustando. A veces saber que tu has elegido no tiene ninguna importancia, saber que eliges como morir puede ser esperanza para algunos aunque para otros sea lo que aun llaman “pecado”.
Matarse o no.
He ahí el nuevo dilema de un Hamlet en el siglo XXI.
P.D.
Ofelia -en su siglo- ya sabía la respuesta.

