domingo, 7 de octubre de 2007

El interior de un hombre se asemeja mucho al de la ostra: desagradable, blanducho y difícil de agarrar… Difícil es descubrir el hombre: más difícil todavía para sí mismo; con frecuencia miente el espíritu a propósito del alma. He ahí la obra del espíritu de la pesadez. Más el que dice: éste es mi bien y mi mal, éste se ha descubierto a sí mismo; con estas palabras ha hecho callar al topo y al enano que dicen: -Bien para todos, mal para todos-. Pp. 199
Así hablaba Zaratustra, Nietzsche.
La revelación número 23: Quieres ver una suma de números donde solo hay letras: 23 letras del alfabeto Hebreo... ¿cuantas de la Kábala?... ¿Quieres ver redención en el sacrificio?... ¿Quieres creer en la figura mítica de un hombre que muere por amor al prójimo?... ¿Quieres morir pensando que Dios desea hagas su voluntad?
Es facíl creer en Dios, en las revelaciones, en las cosas que dan sentido mágico a la vida. No hay que olvidar que como todo lo existente, Dios nació de nuestra necesidad de magia, pero luego el Dios vuelto institución habría de negar la magia en pos de una dominación más universalista, al igual que todo mito vuelto creencia, las palabras del bien y del mal nos han de parir por varios siglos más, hasta que los seres hayan evolucionado o vuelto un poco más al inicio: no es bueno ni malo, sino natural, que grandes oleadas de energía olística produzca la destrucción de la tierra. No hay bondad ni maldad en que una perra se coma sus cachorros cuando la naturaleza le hace saber que no podrán sobrevivir por su propio desempeño.
Si las madres del mundo fueran como estas perras no tendríamos problemas de sobrepoblación.
Realmente si actuaramos más allá del peso que nos brinda la idea del bien y del mal, la teología de las entidades que lograron todo un paradigma de asociaciones binarias (duales), nos dariamos cuenta de que interiormente no tenemos nada que temer, no tenemos nada parecido a una conciencia primigenia que nos dicte lo que este bien y mal. El hombre que ha asesinado lo sabe, puede vivir con ello. Alguien que ha estado a punto de matar también lo sabe, pues hay una delicia última en el poder arrebatar con tus manos la vida de otro ser, pues en ese momento en que tu voluntad se ha puesto por encima de la otra, te pertenece. Lo mismo sucede con el lobo que mata para comer, sólo que en este caso nosotros creemos que al no ser una necesidad primaria lo que nos hace matar, entonces es terrible, es pasar por el derecho divino y supremo del otro, su vida, pero si se viera como mero acto, sin cuestiones morales de por medio, actuar sobre la vida de otro es demostrar que tu propia vida se afirma un poco más, es quizá más necesaria, más potente, que aquella a la cual puede darle fin. Pensar así sería como remontarnos un poco a Hitler, pero para entrar en esos terrenos de lo macabro y de la inteligencia superior habrá que esperar...
El fin justifica los medios. Esa es la única realidad a la cual debería avenirse el hombre en estos tiempos, dado que de cualquier modo siempre ha sido así. Más allá del bien y del mal hay una verdad cierta: el padre odia al hijo en lo más intrínseco de su ser, aunque a la vez le ame como sólo puede amar a su propia especie, a su oportunidad de inmortalidad, pero he ahí la semilla del consecuente odio fingido. Una madre sólo puede envidiar y perecer ante el deseo de la hija, la muralla se levanta por no separarnos tal como cualquier otro mamifero, en cuanto más o menos podamos valernos solos. La noción de familia ha vuelto a la sociedad decadente, el que hoy en día no exista como tal, porque es natural que sea así, ha creado un caos emotivo porque el adolescente cree en lo que la sociedad tradicional dice: el padre, la madre, debería estar presente, cuando bien podría aprovechar positivamente la indepencia, sólo la usa para llamar la atención y quejarse de ese abandono que ve en modo negativo y del cual se sirve para justificar su falta de sentido a la vida.
La razón estaba en Nietzsche y aunque se equivocara como todos, siempre vuelvo a reconocer que sólo él saber poner el dedo en la llaga de toda la cultura milenaria en que se ha basado la humanidad...






viernes, 5 de octubre de 2007

TU Y LAS DESAPARICIONES DEL MUNDO...



No te conozco, si acaso unas cuantas imágenes y todas las palabras que desde hace años alimentan la virtual pasión por la posibilidad que representas.

La vida es enajenante cuando danzas en un mar de obnubilados pensamientos y así te dibujo en la oscuridad de un suicidio aplazado, siento tu angustia colapsada en el tormento de intentar hacer lo que todos, un trabajo, una familia, una casa, ese tiempo en que pareces otro y no el que aparece cuando escribes.

Uno debe cortar y partir de cero, cortar con bisturí la piel que se ha vuelto dura, cortar y raspar hasta el hueso las obsesiones, aunque las cicatrices siempre habrán de recordarlas. Hace años la vida era otra cosa, la negación pura, destrucción de todo lo que hubiera magnificado la intensidad del dolor. La vida era una puta en venta, una mujer ociosa que va de piel en piel buscando olvido. Luego la redención, la estúpida redención que todo mal pecador busca al final de su calvario.

Mil años parecen desde la última vez que un suspiro tuvo trascendencia. El hastío ahora es un olor cotidiano, un estar harto que sin embargo ayuda a prevalecer en la vida austera y obligada que se elige por querer preservar la especie y querer hacer las cosas bien. Veo a mi alrededor y ciertamente el mundo sigue siendo un botadero de miserias que día con día crece en hedor, en población de moscas girando en torno a miembros descompuestos.

Cada miembro representa las ilusiones vagas perdidas en la infancia, el conocimiento real de lo que hoy se ha vuelto una tradición: el siglo XXI es el de la desaparición, el de la muerte por aniquilamiento esencial. Nada entra y todo se expulsa, empezando por la comida. Observo con extremo cuidado a las chicas, pequeñas o no, todas las mujeres buscan desaparecer, a veces también los hombres. Controlan lo que entra al grado de purgarse incluso las moléculas si eso ya les fuera posible. Mientras más ligera sea la figura más fácil será vagar por este mundo donde incluso lo sagrado se ha vuelto anuncio espectacular. Miras de arriba hacia abajo, miras el encuadre de la cámara o la pantalla, miras la imagen ajena de alguien que crees ser tu pero la percepción se disfraza a través de todos los artilugios posibles.

La desaparición del cuerpo, de la grasa, de esas curvas que nos hacían más prominentes y a la vez voluptuosas es seguida por la lenta muerte de una creencia: no vales si no has logrado ponerte en el aparador, no vales si no es en un escaparate donde esperas que vengan a ofrecer la suma más cuantiosa, no vales si no te pareces a la figurilla de moda, no vales sino es por asociación, porque necesitas toda la serie de objetos y relaciones que te pondrán en el lugar adecuado, a la hora exacta, sobre la gran estrella por la cual has luchado tanto.

Comienzo pensando en ti y termino observando el mundo. Tus ojos son los prismáticos que me han llevado al holocausto de la reflexión. Te pienso como el ser con el cual podría tener conversaciones eternas. Sin embargo he dicho que no te conozco y muy apenas sé que existes, a través de esta segunda vida que tenemos gracias a un cable, gracias a una luz eléctrica que invade nuestras pantallas. Ausentarme de ti es pensar qué estarás haciendo en tu mente, que será lo que te aleja, lo que nos obnubila. Tengo miedo de conocerte, así como el miedo es parte natural del instinto de conservación.

lunes, 27 de agosto de 2007

SUJETOS EN DESAPARICIÓN...




El sujeto (o, hablando de un modo más popular, el alma) ha sido hasta ahora en la tierra el mejor dogma tal vez porque a toda la ingente muchedumbre de los mortales, a los débiles y oprimidos de toda índole, les permitía aquel sublime autoengaño de interpretar la debilidad misma como libertad, interpretar su ser-así-y-así como mérito.
La genealogía de la Moral.
NIETZCHE.
***
Lo más absurdo es que el día que dejemos de ser sujetos dejaremos de ser hombres en el sentido que hasta hoy lo hemos pensado, ¿algo así decía Nietzsche al referirse al más alla de ese no super hombre sino ultra hombre que podría elevarse ya como creación terminada y no como ser incompleto que debe sujetarse a la imagen que busca de sí mismo pero que no puede dejar de ser formulada desde el afuera?
Los intelectuales, esos que osan llamarse aún hoy en día filosofos, o "pensadores" por no delimitar tanto el vocablo usado por cualquier alma reflexiva, ¿serán estos sujetos atados a una preconcepción del conocimiento los más méritorios de esa ingenuidad y debilidad sublime? A veces me lo parece. La única manera en que los hombres de hoy se han quitado el corsé del sujeto es dejandose sublimar o congelar por:
el arte o la ciencia.
Para los más débiles la desaparición del sujeto se realiza facilmente: la cultura del espectaculo y del entretenimiento, el show-bisness que ya Adorno y Horkheimer visualizaban como el único reducto del pensar para una sociedad enajenada en el vicio de la simulación y lo digitalizable.
Menu 1: Toque el botón izquierdo para que la ansiedad sobre su propia vida desaparezca.
Menu 2: De enter al botón derecho para que la novela vigente en el semanario le ponga enfrente el drama de otras vidas que nada o mucho tienen que ver con la suya.
Menu 3: Al seguir apretando al unísono los botones antes mencionados usted sentirá una extraña empatía por los personajes falsos que le presenta la pantalla, al grado de que si un día se encuentra a uno de ellos en la calle le dirá: ¡Maldita Catalina Creel!
Y si algo falta puede usted ponerse a protestar fuera de las cárceles donde caen las "estrellas billonarias en descenso", puede usted pasearse con carteles donde exprese su ánimo, amor, apoyo a esas pobres luminarias en desgracia debido a tonterias como que manejan ebrias en sus costosos autos ultimo modelo, con sus celulares blueberry último modelo cubierto además por cristalitos Swarosky.
Pero si usted hace eso se sentirá importante, llenará un vacío trémulo en su alma: dirá que ha hecho algo para una célebridad estúpida y sólo asi usted podra pasar de la desaparición del anonimato de una vida común y gregaria a la sensación de que ha compartido algo con alguien absurdamente superior.
¿Quién será más idiota entonces?
El intelectual que cree pensar ó la persona anonima que necesita un dejo de luz estelar para sentir que hace algo mas que robar oxigeno al planeta...
¿La desaparición de todo sujeto supondría la desaparición de la estupidez?
E.R.V.


GEBET AN DAS LEBEN - ORACIÓN A LA VIDA

Como el amigo ama al amigo yo te amo vida enigmática,

haya exultado en ti, o haya llorado,Dolor o dicha me hayas dado.
Te amo a ti y a tus penasy si debes destrozarme

Me desprenderé de tus brazos

Como del pecho del amigo se desprende el amigo
¡Con toda mi fuerza te abrazo!

Que tus llamas me prendan,

Que aún en las brasas de la lucha siga adentrándome en tu enigma.
¡Ser milenios! ¡Y pensar!

Cobíjame en tus brazos:Si ya no puedes regalarme dicha

Sea-aún te queda el dolor.
Lou Andreas-Salomé

lunes, 2 de julio de 2007

¿Cuántos se atreven a mirar el otro lado del espejo?






Hace tiempo, quizá ya muchos años que una voz ahora lejana leyó para mí la historia de Alicia, esa niña con vestido (¿azul?) que se pierde en el jardín de su casa por seguir a un conejo blanco con sombrero de copa y reloj. Todas esas experiencias surrealistas que Alicia vive en su entrada al otro mundo, a la edad de nueve años parecían cosas cotidianas, pues yo recuerdo que veía luciérnagas verdes entre los jazmines y que dentro de las gotas de rocío existían pequeñas letras danzantes que había que juntar para leer el mensaje de los seres que venían a jugar con los pétalos de mis rosas por las noches.


¿Cuando fue entonces que la luz se volvió oscuridad?

A los 14 años tenía la sensación de haber olvidado todo, absolutamente todo sobre mi infancia, sobre las muñecas y los juegos de Té. Sólo quedaban vestigios de ese mundo, cabezas de barbies que seguro habían sido degolladas por la ira de la impotencia que el "no" adulto provoca en los niños. También estaban sus cuerpos, esos perfectos y absurdos cuerpos de plástico, con senos de silicona inamovibles, con manos largas en donde los dedos estaban pegados y las palmas abiertas, esas manos habían sido mordidas, despedazadas. También estaba la pareja plástica de la barbie, sin cabeza, sin pene, sin posibilidad de existencia fuera de la mente que lo creó. Sus casas, su ropa, sus carros, el pony, el perro, los hijitos, el salón de modas, la barbie astronauta que no podía ser sacada de su caja de exhibición y el príncipe azul que salvaría a Barbarella. Y todo eso para recordar los juegos, las sensaciones que mi propio cuerpo experimentaba a través del plástico, las ideas que en mi parecían aborrecibles y en las muñecas aceptables, las palabras que no decía frente a mi madre pero que a veces ella escuchaba por equivocación y entonces el castigo era ir hacia la esquina para jugar con mis dedos, los que aún no habían quedado deformes.


La luz se volvió oscuridad cuando Alicia no pudo volver del otro lado del espejo y en éste sólo quedaba una imagen ajena a la que yo había previsto en mi mente infantil, una mente que olvidó a la niña en el lejano jardín de los naipes danzantes, de los gatos que pierden la cabeza y ríen mientras se aferran a sus colas, ahí entre fumarolas de sueños inalcanzables, permanecía la inocencia, esperando a que volvieran por ella. Entonces para llegar hasta esa luz olvidada entre las sombras tuve que recurrir a las fumarolas de opio, a los gusanos de la carne que horadan para saber como acceder a los otros lados que para crecer hay que negar. Esos otros lados estaban tan dentro, tan enterrados, que tuve que desangrarme las manos para volver, para volver y descubrir que Alicia estaba muerta y sólo quedaba de ella el reflejo, el que un espejo roto guardaba… el mío: la mujer con vestido azul y cintas rojas enroscadas entre las piernas...




E.R.V.

miércoles, 23 de mayo de 2007

NIETZSCHE



“La escritura del sí mismo en Nietzsche”
(Una reconstrucción ontológica de la mirada…)
I
* La conciencia se devela a través de la escritura ontológica del sí mismo *

Nietzsche “sólo pensaba para sí mismo, escribía solo para él, ya que transmutaba en pensamientos su propia sustancia”.
[1]

Este trabajo parte de la idea de que ningún filosofo permite acceder a su obra a través de su vida tanto como Nietzsche, para ello basta observar que el propio tratamiento de los múltiples autores que comentan a Nietzsche, justifica y plantea la necesidad de acudir a la biografía y personalidad de este pensador para poder descifrar y discutir algunos aspectos de su filosofía.
Nietzsche, quien en su primera etapa, cuando su objetivo era analizar a los griegos, demostró su interés en la “actitud” de este primer tipo de filosofo que nace en la figura de los pensadores preplátonicos, lo cual pareciera dar en un punto clave para poder señalar que si el mismo autor a tratar lo consideraba un método de acercamiento, no sería equivocado permitirse esta misma herramienta para el análisis que se desea realizar con respecto a ciertos puntos de su pensamiento. “Para aprender a conocer a los griegos es muy valioso tener en cuenta que algunos de ellos llegaron a tomar conciencia más allá de sí mismos; sin embargo, casi más importante que esta conciencia es su personalidad, su actuar”.
[2]


Esta cita abre el camino en cuanto a que es la conciencia de Nietzsche la que nos interesa ante todo, pues de ahí surgirá el camino por recorrer, así como los bruscos cambios de enfoque que tendrá su filosofía, pues es su conciencia, su sentir, su pensar, lo que decide en último momento la ruta final, la que nos lleva hacia su concepción del superhombre, el eterno retorno y su creación del “filosofo del porvenir”.


Lo que no puede ser puesto en duda, es que el actuar de Nietzsche en la vida esta íntimamente ligado a su obra, a pesar de que en ésta sea la máscara quien habla para ocultar y develar al mismo tiempo, la capacidad demoledora del pensamiento. Lou Andreas Salomé[3] demuestra esto en su obra sobre Nietzsche, pues hacer notar como él mismo advirtió que la gran filosofía anterior a su época era también una confesión de su autor, de sus memorias, insertadas en el gran contexto de la civilización, del “pensamiento” que influye en lo que vendrá a ser el carácter de toda una cultura. Negar la relación entre su personalidad y su filosofía sería opacar, como dice Salomé, lo mejor de su fuerza creadora, de su sino, ese que le llevó a los extremos de una misma idea, ya fuera ésta religiosa, científica, moral o un confuso aforismo que martilla oscureciendo lo que ya estaba claro.


Ahora, es necesario partir del siguiente argumento: Nietzsche es ante todo un demoledor de conceptos y en su propio devenir puede observarse la necesidad de superación, pero para él superar un principio será derrumbarlo. Buen ejemplo de ello sería el fin de su amistad con Wagner, así como su crítica a Bayreuth, su decepción ante un genio que de pronto pareció “Humano, demasiado Humano”. Y es que pareciera que este principio de oposición, de no-identificarse, nace en una edad temprana, cuando Nietzsche pierde a su padre y ve su mundo demolido por esta ausencia.

Ausencia que será remplazada por un hogar donde tres mujeres dominan el panorama: abuela, madre, hermana. Quizá esto sirve de umbral para comprender que en su conciencia primera Nietzsche elaboro esa voluntad de poder que se basaría en oponerse a lo que sería la más grande influencia de su vida, pues Nietzsche desarrollo una vigilancia extrema de sí mismo en ese ambiente rarificado por la muerte paterna, primer gran cambio en su vida. El que la oposición lleve a una nueva creación será un punto complejo en toda su filosofía. Oponerse necesita una vigilancia especial, la cual después formará su sagaz sentido crítico, su necesidad apremiante de dislocar y proponer derrumbamientos al orden establecido, pues Nietzsche busca cavar en lo profundo de todo cuanto existe, empezando por supuesto, por su propio pensamiento y el de su entorno.


“Todos hablan de mi pero nadie piensa en mi”, será una frase cimiente de su Zaratustra, frase que desde pequeño parecía irse formando en su recelo, en su eterna diferencia respecto a quienes le rodeaban. Ya en la juventud iría sobresaliendo una característica esencial en su personalidad y pensamiento: “la resistencia irónica”… esa resistencia que surge cuando: “Pensar bajo la forma de las categorías es conocer lo verdadero para distinguirlo de lo falso; pensar un pensamiento “acategórico” es hacer frente a la negra estupidez, y, como un relámpago, distinguirse de ella. La estupidez se contempla: hundimos en ella la mirada, ella nos conduce con dulzura, la mimamos al abandonarnos a ella; sobre su fluidez sin forma tomamos apoyo; acechamos el primer sobresalto de la imperceptible diferencia, y, la mirada vacía, espiamos sin febrilidad el retorno de la luz.”[4]

Nietzsche buscará distinguirse de la “masa”, de los borregos y esclavos que necesitan un gran pastor, ya sea un religioso o un creador de sistemas filosóficos. Tomar partido por algo, por alguien, es perder voluntad de resistencia, voluntad de poder ser autónomo entre la manada que representa una cultura “decadente”. Ser un crítico de la existencia permitirá a Nietzsche el soportar la propia, ser crítico de la estupidez y engaño en que vive el mundo, la finalidad y principio de su pensamiento. En esa primera mirada crítica de Nietzsche que se cierne sobre sí mismo, es donde hay que mirar con detenimiento para entender los fundamentos que dan continuidad a sus obras, por más distintas que pudieran ser entre sí.
Esa mirada vigilante provocará la desconfianza primera, la cual será producida en el seno de su hogar, pues las motivaciones de todos aquellos que irán formando parte de su vida serán cuestionadas. Pero incluso antes de ese resquemor, ya existía la desconfianza hacia su propia conciencia, hacia su “genio”, el cual siempre tenía que ser desafiado para así crecer hasta llegar a sugerir el pleno carácter de Zaratustra, del superhombre que sólo sería entendido por el pensamiento futuro. Ni él ni su personaje igualmente ermitaño, necesitan del “entendimiento” de otros para poder propugnar sus ideas, Nietzsche se opone a cualquier relación de cualquier especie porque sabe que compartirse es dejar de estar consigo mismo, con el silencio abrumador en donde nacen sus aforismos más terribles. Luego esa soledad que busca el sabio será llevada al límite por la enfermedad. Tampoco se trata de afirmar que la enfermedad sea elemento de la obra por sí misma, pero es indudable que el rumbo tomado por Nietzsche fue dominado de un modo u otro por la necesidad de alejarse de una ciudad, de un grupo de personas, de su trabajo, por las “condiciones especiales” que debía tener para poder combatir esa enfermedad que parecía venir de sus propios pensamientos.

II
* La música como único espacio de fusión y rompimiento de limitaciones *

Es así, que Nietzsche señala en varias ocasiones que sólo en la música encontró algo distinto a la resistencia, es decir, posibilidad de fusionarse, de ser llevado por una corriente que le muestra la inmensidad que sobrepasa las limitaciones de la realidad cultural humana. La música adormece la enfermedad, no sólo la del cuerpo, sino la de las palabras y los conceptos que forman la realidad engañosa en que vive el hombre, por ello Nietzsche quiere “hacer música con el lenguaje los pensamientos y los conceptos”
[5].


Pero Nietzsche sabe que en una cultura como la suya (más aún como la nuestra), nadie escuchará un canto excepcional, al contrario, nadie escucha sino se dice a gritos, a empujones. La música salva el alma, lo más espiritual del hombre, la música supera las limitaciones del lenguaje lingüístico, su equivoca multiplicidad de significaciones. El misterio esta en la ondulación de un sonido que refleja la imagen del mundo, eso que se ha ido perdiendo ante la formulación de conceptos necios, como el de la razón totalizadora. La música es la más perfecta resistencia frente al supuesto orden que enmascara al caos. El estado Dionisiaco que Nietzsche formularía en “El nacimiento de la Tragedia”, demostraría que sólo en el abandonamiento de sí mismo puede traspasarse la barrera y el límite usual de la existencia individual. Pero lo que propone el sabio griego, es decir, el primer tipo de filosofo, es que para hacer filosofía, para asombrarse del mundo y separarse de él, buscando sus causas y efectos, el hombre debe ser Apolinio, debe buscar el limite, el orden, lo claro, lo único en contraste con lo múltiple.


Distinguirse del arrobamiento orgiástico que crea Dionisos con su música, apartarse de la belleza que causa el sentimiento de que todo tiene sentido para encontrarse con la negación que propone el autoafirmarse fuera del estado donde se desdibujan los bordes del “yo”, son las condiciones para alcanzar el conocimiento y la sabiduría, aunque ello conlleve que el hombre deba sustraerse al placer que produce, la música, la danza, el arte, los cuales unifican el ser del mundo; a costa de perder la conciencia individual.


La complejidad resulta en que el hombre busca una vida individual sencilla, esto significa el protegerse a sí mismo de cualquier terremoto interno, aceptar las normas del exterior sin fundirse con ellas. El hombre sencillo es aquel que en algún momento admiró Nietzsche, el hombre positivista y científico que se enfría bajo los dominios de la ciencia y se resguarda así de la fuerza demoledora que es la pasión. Por ello el hombre inventará otra clase de placer, para soportar su existencia sin tener que arriesgarse a escuchar una música que hechice y haga perder el rumbo (tal como las sirenas hacían con los marineros de la antigüedad).


III
* El juego de la existencia: escape de la Angustia y del Absurdo *


“El juego”, principio desencadenante de toda voluntad, estimula los afectos, los conduce hacia un fin, el cual siempre busca huir del aburrimiento producido por la incapacidad del hombre para mirarse así mismo. El hombre busca perderse en cualquier cosa que lo aleje de su propia conciencia, de la voz y música interior que le hace sentir ante todo: angustia.
¿Qué angustia? La del Sin sentido. Escapar de esta sensación de “tiempo vacío”, de esfuerzo que nunca será totalmente gratificado nos conduce a la desesperación y luego a la apatía, finalmente al nihilismo, el hombre tiene que encontrar el sentido de algo para poder creer en ello. Lo irrelevante del mundo se refleja en lo insignificantes y frágiles que somos. Nietzsche busco la oposición a todo ello, primero al no doblegarse ante la enfermedad del cuerpo, pero tampoco a la de su época: el conformismo conceptual en que había caído el mundo. El aburrimiento y la apatía de una existencia llevan al absurdo, Nietzsche tuvo que escapar de un primer absurdo: el quedar sólo en un mundo femenino cargado de formas y sensibilidades incomprensibles.
El primer gran absurdo al que todos nos enfrentamos es la vida, esa vida que es única e intransferible, ante todo no elegida, impuesta, aquejada por la voluntad de un mundo que se nos opone como un monstruo. ¿Cómo llega uno a ser?... no sólo es una pregunta sobre la identidad, sino sobre qué es lo que cada uno debe lograr, como si la vida fuera lo que hay que soportar, hasta sublimarla. Querer ser algo más allá de lo que las propias posibilidades sugieren parece ser una de las metas que se oponen a lo monstruoso, combatir el absurdo es sobreponerse a la vida, conquistarla, desafiando lo que se debía ser, lo que se creía, para así buscar un nuevo modo de actitud, una nueva responsabilidad consigo mismo.

Ahí comienza la escritura sobre sí mismo, ahí comienza toda la filosofía que ha venido a comprobarse en este mundo futuro, la filosofía de Nietzsche que señala la necesidad de que cada quien sea su propio Dios y fundamento, pues lo único que poseemos realmente es nuestro “yo”, si es que lo hemos sabido modelar, raspar, endurecer. La angustia sólo puede ser dominada por la voluntad de evolucionar, de traspasar nuestros propios condicionamientos hasta llegar a ser la promesa que en un inicio nos planteamos, aunque el mundo pareciera estar en contra.
Nietzsche quiso desenmascarar el misterio de los griegos como la cultura portadora de los primeros conceptos filosóficos (vigentes hasta la actualidad), pero ante todo quiso señalar que en la actitud de los griegos, en la actitud filosófica para con el mundo es donde esta el germen de la auto afirmación. Foucault parece llegar a esta conclusión al final de su obra, cuando convierte la vida misma en un cuidado “estético”, él mismo plantea ideas reveladoras sobre lo que llamó “el cuidado de sí”, que rastrea desde Sócrates, en su principio del auto conocimiento. Al equiparar “conocete a ti mismo”, con “cuida de ti mismo”, Foucault parece acercarse como en tantas otras obras a varios ideales Nietzscheanos sobre la concepción del sujeto, pero ante todo sobre como “un sujeto debe llegar a ser lo que es”.


¿Quiénes podemos ser? Es la última pregunta, la última fase en el pensamiento de Foucault, pregunta que se vio precedida por otras dos igual de importantes: ¿Qué podemos saber?, ¿Qué podemos hacer? [6] ¿Qué es ese cuidado de sí mismo? Foucault siguiendo a Nietzsche pareciera hablar de que el propio vivir debe desencadenar en una “filosofía”.

IV
* La reconstrucción ontológica del sí mismo y el llegar a ser *

El cuidado de sí mismo implica la auto conciencia, la proposición de Nietzsche “llega a ser quien eres” sólo se logra por una reconstrucción ontológica. Si hay algo que Nietzsche no destruyó en la metafísica, fue ese último lugar del sujeto como algo que debe sustraerse del engaño gramatical que trae consigo el creer que sólo por decir “pienso, luego existo” ya existe por sí mismo un sujeto.


“Nietzsche pensaba explícitamente y con énfasis en la primera persona del singular aun cuan él mismo descubriera que el enunciado “yo pienso” es una seducción de la gramática. El predicado pensar, exige un sujeto. En consecuencia se declara que el “yo” es sujeto, pero lo que produce la conciencia del yo es el acto del pensamiento… Nietzsche sabe que él es Nietzsche, a sus ojos valía la pena ser el mismo”. [7]


Ese sujeto supuesto en la frase de Descartes para Nietzsche es una broma lingüística que nos juega la lógica de nuestro pensamiento traducido en palabras, ese “pienso, luego existo” no trasciende puesto que el sujeto no existe desde antes, no es una sustancia metafísica comprobable por medio de la duda, sino una simple demostración vana de que la existencia es pensante, pero no basta pensar, ese pensar debe ser puesto en acción por medio de la voluntad y de la resistencia para que entonces pueda darse la formación de un sujeto, un sujeto que deberá cuidar de sí mismo para poder llegar a ser un “documento digno de citarse”.[8] El sujeto debe verse como una narración futura, debe contemplarse a futuro, eso que Nietzsche hizo consigo mismo cuando se dio cuenta de que él hablaba para las épocas futuras.


La vida es un ensayo del sí mismo al que debemos acceder, ser el propio autor de nuestra vida, saber que las elecciones han sido nuestras a pesar de cualquier circunstancia. ¿Qué significo para mí mismo? Es una pregunta igual de importante, pues la trascendencia siempre ha estado en la esfera de la significación.


La cuestión es una “tecnología” porque debe existir un método para abordarse y describirse a sí mismo, para que en un futuro seamos nuestros propios lectores. En estas ideas parece haber un prototipo de lo que Foucault llama la “racionalidad retrospectiva”, sólo que en este caso la propia racionalidad debe ser construida por el sujeto ya visto como algo que va a llegar a ser y que después tendrá que mirar en retrospectiva su propio quehacer como sujeto y filosofo.


Quizá la diferencia mayor entre Nietzsche y la concepción última de Foucault a este respecto es que para él las prácticas del sí mismo son los medios por los que podemos cambiarnos a nosotros mismos para convertirnos en sujetos éticos, pues el objetivo de la vida ética o telos determina la clase de ser a la que aspiramos cuando nos comportamos de una forma moral.”[9]


Para Nietzsche lo moral pareciera reducirse a ser “congruente contigo mismo”, aunque eso deberemos profundizarlo más adelante. En su juventud Nietzsche parece creer aun en conexiones llenas de sentido, lo cual después pareciera cristalizarse en la despersonificada voluntad de poder o fuerza creadora. Nietzsche encuentra esta especie de conexión o fuerza ya desde muy pronto en las palabras, escribir lo que uno piensa y espera de sí mismo parece concedernos un poder superior, una seriedad y un sentido que se ve empeñado en la “mayoría”.

La poesía, así como la música, son dos artes donde Nietzsche puede ver este poder que va del pensamiento hacia algo más sublime, en ese orden pensamiento y creación se unen para generar conceptos, esos que vendrán a derrumbar viejas concepciones, proponiendo un nuevo horizonte de significados, tanto en lo teórico como en lo práctico.


La fuerza creativa de la vida y del hombre mismo vendrá a reemplazar a Dios. Esta fuerza a la cual a veces hay que oponerse y otras entregarse, nos lleva hacia un Destino. “El destino, tal como lo entiende Nietzsche, es la contingencia, la casualidad y necesidad alejada de todo sentido.”[10]


Para que exista un sentido debe existir una unión entre lo que es el destino y la libertad. Dios es la libertad absoluta, ¿cómo entender esto?... en 1862 Nietzsche cavilaba sobre Dios y el mundo, aún joven ya tenía en claro que a pesar de cualquier confusión siempre habría un principio del cual partir: “Habría que llegar a ser un individuo que se configura a sí mismo y que, ampliando sus círculos, tiene la fuerza de elevarse en la medida de lo posible… para ello se requiere la convicción de que nosotros somos responsable solamente ante nosotros mismos.”[11]


No es necesario acceder a otra vida ni seguir los preceptos de un Dios en esta, nosotros debemos convertirnos en lo que el hombre realmente es, ese es el sentido y la finalidad. ¿Qué debe ser y hacer el hombre?... pareciera en primera instancia que comprendernos a nosotros mismos es la tarea más urgente, ¿qué debo llegar a ser y para qué? Son las preguntas esenciales en la vida de un hombre, en ese sentido el hombre debería ser capaz de liberarse de los condicionamientos de su propia cultura o modificarlos, engrandecerlos, tal como hicieron los griegos en su momento.

[1] Salome, Lou Andreas. “Nietzsche”. Editorial JP, 2000. Pg. 5


[2] Nietzsche, Friedrich. “ Los filósofos Preplatónicos”. Clásicos de la Cultura. Editorial Trotta, Pg. 18


[3] Escritora Rusa que tuvo amistad con Nietzsche, autora de una de las biografías más contemporáneas a la propia vida del filósofo.


[4] Foucault y Deleuze. “Theatrum Philosophicum seguido de Repetición y diferencia”.
Anagrama, Barcelona, 1970. Pg. 38.

[5] Safranski, Rüdiger. “Nietzsche, biografía de su pensamiento”, Tusquets Editores, 2004. Pg. 18


[6] [6] ¿Qué sé?, ¿Qué puedo?, ¿Qué soy?. M. Morey, en el prólogo de la obra: Foucault, escrita por Gilles Deleuze, Editorial Piados. Pp. 17

[7] Safranski, Rüdiger. “Nietzsche, biografía de su pensamiento”, Tusquets Editores, 2004. Pg. 28

[8] Idem, pg. 29


[9] Popkewitz, Thomas (compilador). El desafío de Foucault. Ediciones Pomares-corredor, España. 2000. Pp. 83-84.


[10] Safranski, Rüdiger. “Nietzsche, biografía de su pensamiento”, Tusquets Editores, 2004. pg. 40


[11] Idem, pg. 41

miércoles, 7 de marzo de 2007

El Eterno Retorno del Superhombre...

"El día que Nietzsche Lloró"...

La apuesta del autor, Salom... es inmensa, el riesgo de interpretar a Nietzsche como hombre desesperado ante la traición de un amor feménino es importante, sobretodo cuando al desmitificarlo pretende también hacer notar los puntos sueltos de su filosofía, la cual pareciera basarse en una decisión de vivir atormentado, porque sólo así es posible trascender. Eso es algo que no sólo Salom ha notado, muchos de los pensadores que escriben sobre Nietzsche han caído en la misma apreciación: su enfermedad, su patología, su comportamiento, en especial el origen de sus sintomas pareciera remontarse a la tragedia que fue para él la perdida de su padre cuando niño pero ante todo el haber quedado rodeado de tres mujeres intransigentes y dominantes: su abuela, madre y hermana...

viernes, 16 de febrero de 2007

Reptaciones Perversas


1

Soy una melancolía reptante del sin sentido.

Todos deberían saberlo.

Pero nadie ha podido decirme ninguna palabra que salvesus propios nombres.


2

Todavía persigo fantasmas y demonios.

La ironía es que casi todo lo deseado se ha ofrecido a mi existencia,

pero nunca tengo suficiente,

al menos tengo la seguridad de que ello será una constante.


3

Los niños en la perversidad.

¿Por qué asombrarse de que los niños maten?

Creer que debe haber motivos para hacerlo...

Sólo porque se conjura como “el mal”.

Tal vez la razón más práctica para dar la muerte

Sea la vida...



E.R.V.






miércoles, 14 de febrero de 2007



“BUSCADOR”

La senda de su nombre le ha colocado en los extremos
de un mundo donde cada abismo, a sus pies, es una flor
salvaje que le hace desear cruzar esos limites, el
espacio negro de un mar al que debe arrojarse para
golpear contra rocas de mercurio.

Supone que ha leído suficiente, los grandes
iniciados han hablado desde todas las épocas y la
voluntad les ha hecho escribir textos iluminados,
sagrados códices y poesías que alguien ha tenido que
lavar de las paredes, pero la sangre es imposible de
borrar, aunque el rojo cardinal sea deslavado, el olor
a espíritu siempre queda impregnado en los oleos
blanquecinos de las paredes en donde encierran a los
grandes visionarios.

Él ha tenido nueve visiones, nueve profecías, nueve
cantos. Entonces el camino se hace una vereda, un
claroscuro entre la playa oscura y el bosque lleno de
fragancias que le recuerdan los mitos elementales, el
susurro y cántico de las hadas que vuelan incitándonos
a pensar en la poesía, los veloces incendios de las
salamandras que unen los cuerpos en noches de hogueras
y sacrificios, que conducen al éxtasis vital y
tanático de la fuerza erótica que sostiene cualquier
acción, aun si ésta ha sido originada no en el vientre
y si en el centro de una frente karmica.

El buscador ha olvidado su nombre, a dejado que esos
"grupos" murmuren oraciones de odio y pavor, porque él
cree haber comprendido la magia, las insinuaciones
veleidosas de las sirenas que desde las aguas
profundas evocan las iras y los sentimientos de todos
aquellos momentos en que la palabra hipócrita del
mundo engañó a sus oídos ávidos de música real, y sabe
los arpegios de esa melodía no vendrán de una voz
humana.

Mientras él anda con paso de locura, de extravío que
sonríe como si ese fuera el primer día de aquel largo
viaje que ha iniciado ¿cuando? se pregunta... mientras
él pasa sabe que otros hacen guerras, amores, hacen
potencias y capital. Sabe que los otros siempre
piensan tener la última palabra y a veces también el
gozo. Lo que ellos no sabe ni escuchan ni miran, es el
silbido de ese buscador eterno, que quizá solo quiera
encontrar un perpetuo y largo camino, sin ninguna
finalidad ni sentido, sólo el paisaje, sólo la
travesía, sólo la libertad de estar sólo, en soledad,
consigo mismo, al tanto de todos y escuchando lo que
nadie quiere saber, lo que nadie puede decir del
humano: su egoísmo y mezquindad es tanta que se
destruyen siempre, por verbo, por espada, por mazo,
por monedas, siempre habrá quien afile la lengua o el
cuchillo, quien entregue la materia para así comprar la
última gota de agua, por eso el buscador ríe y nos
mira con desdén, con una de las 9 caras que ha formado
su rostro, a través de un silencio ancestral.

.E.R.V.

"Le hablo a mi semejante: la enfermedad de las palabras..."

martes, 13 de febrero de 2007

"ODIO Y DESESPERACIÓN"

Un sitio enajenado por oscuras y sanguineas nebulosas:
mente contraída en vaivenes metafísicos.
La incertidumbre grita: ¿Para qué y por qué?
Esta vida me confunde, viene de ninguna parte
y me lleva hacia la muerte.
Mis pilares del odio y la deseperación: Nietzche, Cioran, Bataille.
La constante vigilia del ojo que mira retrospectivamente al propio
ser en eterno devenir.
¿Para qué tu vida, para que mi muerte?
Lole. V Stein.