
“BUSCADOR”
La senda de su nombre le ha colocado en los extremos
de un mundo donde cada abismo, a sus pies, es una flor
salvaje que le hace desear cruzar esos limites, el
espacio negro de un mar al que debe arrojarse para
golpear contra rocas de mercurio.
Supone que ha leído suficiente, los grandes
iniciados han hablado desde todas las épocas y la
voluntad les ha hecho escribir textos iluminados,
sagrados códices y poesías que alguien ha tenido que
lavar de las paredes, pero la sangre es imposible de
borrar, aunque el rojo cardinal sea deslavado, el olor
a espíritu siempre queda impregnado en los oleos
blanquecinos de las paredes en donde encierran a los
grandes visionarios.
Él ha tenido nueve visiones, nueve profecías, nueve
cantos. Entonces el camino se hace una vereda, un
claroscuro entre la playa oscura y el bosque lleno de
fragancias que le recuerdan los mitos elementales, el
susurro y cántico de las hadas que vuelan incitándonos
a pensar en la poesía, los veloces incendios de las
salamandras que unen los cuerpos en noches de hogueras
y sacrificios, que conducen al éxtasis vital y
tanático de la fuerza erótica que sostiene cualquier
acción, aun si ésta ha sido originada no en el vientre
y si en el centro de una frente karmica.
El buscador ha olvidado su nombre, a dejado que esos
"grupos" murmuren oraciones de odio y pavor, porque él
cree haber comprendido la magia, las insinuaciones
veleidosas de las sirenas que desde las aguas
profundas evocan las iras y los sentimientos de todos
aquellos momentos en que la palabra hipócrita del
mundo engañó a sus oídos ávidos de música real, y sabe
los arpegios de esa melodía no vendrán de una voz
humana.
Mientras él anda con paso de locura, de extravío que
sonríe como si ese fuera el primer día de aquel largo
viaje que ha iniciado ¿cuando? se pregunta... mientras
él pasa sabe que otros hacen guerras, amores, hacen
potencias y capital. Sabe que los otros siempre
piensan tener la última palabra y a veces también el
gozo. Lo que ellos no sabe ni escuchan ni miran, es el
silbido de ese buscador eterno, que quizá solo quiera
encontrar un perpetuo y largo camino, sin ninguna
finalidad ni sentido, sólo el paisaje, sólo la
travesía, sólo la libertad de estar sólo, en soledad,
consigo mismo, al tanto de todos y escuchando lo que
nadie quiere saber, lo que nadie puede decir del
humano: su egoísmo y mezquindad es tanta que se
destruyen siempre, por verbo, por espada, por mazo,
por monedas, siempre habrá quien afile la lengua o el
cuchillo, quien entregue la materia para así comprar la
última gota de agua, por eso el buscador ríe y nos
mira con desdén, con una de las 9 caras que ha formado
su rostro, a través de un silencio ancestral.
.E.R.V.
"Le hablo a mi semejante: la enfermedad de las palabras..."
La senda de su nombre le ha colocado en los extremos
de un mundo donde cada abismo, a sus pies, es una flor
salvaje que le hace desear cruzar esos limites, el
espacio negro de un mar al que debe arrojarse para
golpear contra rocas de mercurio.
Supone que ha leído suficiente, los grandes
iniciados han hablado desde todas las épocas y la
voluntad les ha hecho escribir textos iluminados,
sagrados códices y poesías que alguien ha tenido que
lavar de las paredes, pero la sangre es imposible de
borrar, aunque el rojo cardinal sea deslavado, el olor
a espíritu siempre queda impregnado en los oleos
blanquecinos de las paredes en donde encierran a los
grandes visionarios.
Él ha tenido nueve visiones, nueve profecías, nueve
cantos. Entonces el camino se hace una vereda, un
claroscuro entre la playa oscura y el bosque lleno de
fragancias que le recuerdan los mitos elementales, el
susurro y cántico de las hadas que vuelan incitándonos
a pensar en la poesía, los veloces incendios de las
salamandras que unen los cuerpos en noches de hogueras
y sacrificios, que conducen al éxtasis vital y
tanático de la fuerza erótica que sostiene cualquier
acción, aun si ésta ha sido originada no en el vientre
y si en el centro de una frente karmica.
El buscador ha olvidado su nombre, a dejado que esos
"grupos" murmuren oraciones de odio y pavor, porque él
cree haber comprendido la magia, las insinuaciones
veleidosas de las sirenas que desde las aguas
profundas evocan las iras y los sentimientos de todos
aquellos momentos en que la palabra hipócrita del
mundo engañó a sus oídos ávidos de música real, y sabe
los arpegios de esa melodía no vendrán de una voz
humana.
Mientras él anda con paso de locura, de extravío que
sonríe como si ese fuera el primer día de aquel largo
viaje que ha iniciado ¿cuando? se pregunta... mientras
él pasa sabe que otros hacen guerras, amores, hacen
potencias y capital. Sabe que los otros siempre
piensan tener la última palabra y a veces también el
gozo. Lo que ellos no sabe ni escuchan ni miran, es el
silbido de ese buscador eterno, que quizá solo quiera
encontrar un perpetuo y largo camino, sin ninguna
finalidad ni sentido, sólo el paisaje, sólo la
travesía, sólo la libertad de estar sólo, en soledad,
consigo mismo, al tanto de todos y escuchando lo que
nadie quiere saber, lo que nadie puede decir del
humano: su egoísmo y mezquindad es tanta que se
destruyen siempre, por verbo, por espada, por mazo,
por monedas, siempre habrá quien afile la lengua o el
cuchillo, quien entregue la materia para así comprar la
última gota de agua, por eso el buscador ríe y nos
mira con desdén, con una de las 9 caras que ha formado
su rostro, a través de un silencio ancestral.
.E.R.V.
"Le hablo a mi semejante: la enfermedad de las palabras..."
