
1
Las manos estan siendo puentes
desvanecidas sobre el monte erizado
evocan un levísimo toque
la columna construida a medias
no fue tocada entonces
por las alas que buscaban la forma perfecta
entonces la intensidad irrumpió
con un candor sofocado
en la oscura trepidación de sus almas enrojecidas
¿tenían que esperar 19 años para comenzar a ser ellas mismas?
El deseo en diecinueve crepúsculos fue aquella presencia ausente
el agujero nunca sentido sino apenas pensado
el no centro del origen que los espíritus sueñan
es que el ser es un "om" impronunciable
que sólo sujetamos a través de nuestras
humanas razones
porque somos la ausencia pura de significación
pero sólo podemos soportarnos al brindar esencias
- lo inconmensurable-
fallidas ficciones de una desaparición absurda
entonces:
¿qué es lo que se borra si nunca ha existido un trazo?
9
Los fragmentos de tus manos sobre la noche
son piel y pensamiento escritos por medio del gémido
que en la ausencia del origen formó nuestras palabras
una encima de la otra,
cohabitando el verbo que une
la infinita fragilidad del ser
(su perfecta incoherencia llena de sentido)
pues sólo podemos encontrarnos en medio del habla
como si cada sonido fuese una rama
y entre las miles que han vestido los árboles
tuvieramos que alcanzar la más verde
pues sólo así logramos definir y nombrar cada bosque
aunque sólo sea a partir de esa extensión del tronco
que deja caer hojas y segmentos de líneas
bifurcación de posibilidades en fractales que como cerezas
nos inundan los abismos de sangre dulce
vibrante juego del ser
que tan sólo es un instante:
la suma de sus inmemorables tiempos
la edición de los segmentos que nos han formado
la cinta multicolor del signo con que franqueamos el bosque del claroscuro mortal...
19=10
El peligro es inminente:
olemos a magma rojo que se tornará piedra
y ahí la inscripción de la vida nos irá mostrando
el camino de las huellas que pensamos proyecciones
de algo ausente
-más sabemos nunca hubo algo ahí-
sino solo nosotros y el suplemento del abandono
pues recordamos la nada como si ahí esperasemos tambiénla muerte
de la interminable representación que hacemos de cada leve sensación humana...
Los laureles espinosos de la razón nos han creado el enigma
y ante ellos comparecen los siglos que predican la génesis del ser
como si así pudieran volver a sustituir el origen del asombro
que nos formula como sombras de certezas insufribles
nos merecemos el mundo y sus laberinticas ocultaciones.
Poesía es el lenguaje que robamos de sueños insomnes
la imposible sintaxis de la manifestación totalizante
pues en su gramática no buscamos una consecuencia
sino una creación absoluta de nuevas formas para nombrar
y dar tregua al deseo de poseer cualquier cosa que podamos creer existente
en la bruma de nuestro intelecto...
¿qué hacemos pues con los paréntesis, con lo inefable y sus expresiones?
continuar creyendo que podemos dominar el mundo
impostando en el nuestras causas primeras.
El enigma aparece en el umbral,
sus alas producen el murmullo de la tarde
y la ensoñación lúcida se vuelve
el mantra que ocultamos debajo
de cualquier historia
sobre un destino inusitado...

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